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19 de octubre de 2007

En la vieja Europa el fascismo y el nazismo son incompatibles con la derecha democrática

Gianfranco Fini, uno de los políticos de la derecha italiana mejor situado cara al futuro, después de haber sido vicepresidente del Gobierno con Silvio Berlusconi, viajó a finales de noviembre del año 2003 a Jerusalén y allí lanzó una durísima diatriba contra Benito Mussolini, al que calificó de “mal absoluto”, al tiempo que condenaba la persecución de los judíos.

Fini procede del Movimiento Social Italiano (MSI), que era el partido de los herederos directos de Mussolini. Los herederos de la malvada República de Saló. Su líder, Giorgio Almirante, murió hace algunos años, tras mantener relaciones de coincidencia ideológica con Le Pen y hasta con Blas Piñar. Y, por cierto, hasta con algún que otro diputado de AP.

El lugarteniente
El lugarteniente de Almirante fue el entonces muy joven Fini. El MSI se refundó y trató de reconvertirse en un partido de derechas, aunque menos vinculado formalmente con el fascismo. De esta refundación surgió Alianza Nacional (AN).

Alexandra Mussolini
Pues bien, hace cuatro años, Fini atravesó la línea roja y decidió romper lisa y llanamente con su propio pasado y, desde luego, con el fascismo. Ello supuso, por ejemplo, la baja de Alexandra Mussolini, nieta del dictador, como militante de AN, quien no soportó tamaña afrenta a su abuelo a cargo de su jefe de filas. Los sectores más duros o nostálgicos se enrocaron y se fueron de AN.

Primer ministro
Y es que Fini sabía muy bien que, de no romper las amarras con Mussolini, él y su partido estarían siempre bajo sospecha y difícilmente podría llegar él a primer ministro, que es a lo que aspira.

Ni se plantean
No hay ningún dirigente político del centro-derecha en Francia capaz de no condenar el régimen de Vichy, con el general Petain de títere en manos de los nazis. Ni tampoco lo hay en Alemania respecto a Hitler o al régimen nazi. Hay cosas en la vieja Europa que no se discuten ni se plantean. El fascismo y el nazismo son incompatibles con la derecha democrática.

El año 2007
Cuando ayer en RNE, la preguntaron a Rajoy por su opinión acerca de las declaraciones de Jaime Mayor Oreja, favorables objetivamente al franquismo, el líder máximo del PP se salió por peteneras y dijo simplemente: “Yo ya estoy en el año 2007. Colóqueme del 2007 en adelante.”

El tópico
Pasó de puntillas y se acogió al tópico de que hay que mirar al futuro y no al pretérito. Eso no es más que una gilipollez o una exhibición de incultura, como se prefiera. Si Rajoy fuera el candidato de la derecha en Francia, en Italia o en Alemania y no condenara enérgicamente a Petain, a Mussolini o a Hitler, no tendría posibilidad alguna de ganar las elecciones.

No se le hubiera puesto al teléfono
Lo primero que hizo Sarkozy, recién elegido presidente de la República, fue enaltecer el recuerdo de un joven comunista francés, víctima de los nazis. ¿Llamó Rajoy aquella noche a Sarkozy para aconsejarle que no mirara al pasado? Ni llamó, ni Sarkozy se le hubiera puesto probablemente al teléfono.

Un slogan famoso
La derecha española sigue siendo –como la España de Franco, según el famoso slogan turístico que acuñó Manuel Fraga siendo ministro del ramo- diferente. Alardea de ser una derecha sin complejos. Pero no se da cuenta de su impotencia atávica a la hora de cortar de una vez su cordón umbilical con el Generalísimo.

Simplismo mayúsculo
Pregona Rajoy, con simplismo mayúsculo, que a nadie le interesa -setenta años después- ni Franco ni la memoria histórica. Pero a él le importa tanto que sale corriendo, despavorido, cuando le toca liquidar su férrea dependencia del franquismo. O se está con la derecha democrática o se recuerda con dulce nostalgia –como hizo Mayor Oreja- aquel régimen ominoso y cruel. Las dos cosas a la vez son imposibles. Este es el drama del PP. Rajoy ni siquiera trata de emular a Fini. Prefiere esconderse antes que condenar a un tirano.

Enriq Sopena

16 de octubre de 2007

Oreja y Aznar arrastran el discurso del PP hacia la derecha extrema

Mariano Rajoy se precipita hacia las elecciones arrastrado por su propio partido. Cuando el líder de la oposición defiende la necesidad de volver a aparecer como alternativa de Gobierno, los sectores más duros del partido, ancarnados en Aznar y Mayor Oreja desplazaron ayer el discurso a posiciones propias de la derecha más conservadora.

Aznar, acaparó parte del protagonismo de esa jornada. El ex presidente se centró en la política antiterrorista de Zapatero. Con el mismo tratamiento que ha conseguido hundir a Rajoy en las encuestas de liderazgo y que le hizo perder el último Debate del Estado de la Nación, Aznar esgrimió el atentado del pasado martes contra Zapatero.

Mientras, el ex ministro Jaime Mayor Oreja se había encargado de remover uno de los temas que más endurecen el discurso popular. "¿Por qué voy a tener que condenar yo el franquismo?" se preguntaba el ahora euro parlamentario en una entrevista publicada ayer por La Voz de Galicia. Resucitó el debate sobre por qué el PP ha evitado condenar siempre la Dictadura e hizo suya la defensa de la dictadura. Entre sus argumentos Mayor Oreja aludió a la "naturalidad y normalidad" con la que "muchas familias vivieron el franquismo. "¿Cómo voy a condenar lo que, sin duda, representaba a un sector muy amplio de españoles?", expuso. Para el ex ministro, si el consenso de la Transición evitaba la división entre los españoles no existe motivo, para volver a discutir "quienes fueron más asesinos en la guerra".

Mayor Oreja fue más allá. En su opinión, en el País Vasco se vivió tal "situación de extremada placidez" que hasta los guardia civiles gallegos pedían allí destino.

Las declaraciones provocaron revuelo desde el primer momento y Ángel Acebes, secretario general del PP, se lanzó a apagar el incendio: "Lo que quería dejar claro es que traer a la actualidad el dolor del enfrentamiento que supuso la Guerra Civil no aporta nada nuevo a la convivencia". Aunque Público trató de conocer la versión del europarlamentario no fue posible contactar con él.

Memoria histórica
Acebes, también ex ministro de los gabinetes de Aznar, desvió el debate hacia la ley de Memoria Histórica que está a punto de aprobar el Congreso. El secretario general del PP, se mostró de acuerdo con Mayor Oreja en que "se está rompiendo el acuerdo de concordia de la Transición" y añadió que "ojalá nunca esté aprobada la ley del rencor, la división y el enfrentamiento".

Aunque aseguró que los ayuntamiento populares cumplirán la ley y retirarán los símbolos franquistas, el ex ministro insinuó que su cumplimiento dependerá también de los márgenes que permita y como se apruebe.

Incumplimiento de la ley
Más explicito fue el diputado y ponente popular de la ley, Jorge Fernández Díaz. En una entrevista, el político aseguró que un gobierno del PP tras las elecciones generales, no pondrá en práctica la ley que pretende aprobar el Gobierno durante los próximos días.

Fernández Díaz calificó la las medidas recogidas en el proyecto de ley de Memoria Histórica "políticas de división". El diputado no especificó si la solución pasará por derogar o modificar la ley pero aseguró que "el PP es un partido predecible" y "nadie puede esperar que aplique políticas de memoria como las que pide IU".

En su opinión, la ley es el ejemplo de que durante la última legislatura "la agenda la están marcando los radicales". "Nunca ha habido tanta crispación en España como desde que gobierna Zapatero", señaló.

publico.es
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