16 de enero de 2007

La escalada de la horca

A la vez que ha ido admitiendo sus viejos errores en la gestión de la guerra de Irak, el presidente Bush ha ahondado en otros nuevos. El último ha sido el ahorcamiento, en la madrugada de ayer, de dos de los colaboradores más estrechos de Sadam Husein: su hermanastro y antiguo jefe de los servicios de inteligencia, Barzan Ibrahim, y el ex presidente del Tribunal Revolucionario, Awad Hamed. Sin la luz verde de Washington, estas ejecuciones no se hubieran producido. Incluso habían contado con la oposición del presidente iraquí, Jalal Talabani, y con la condena de una parte importante de la comunidad y sociedad civil internacionales. Eso sí, el presidente iraquí, Al Maliki, al que desde instancias oficiales de Washington se tilda de inútil, ha amenazado con cortar relaciones con todos los gobiernos que han criticado las ejecuciones.

Los nuevos ajusticiamientos han enfurecido otra vez a los medios suníes, en este caso porque uno de los reos quedó decapitado por una soga al parecer demasiado corta. Algunos periodistas han podido ver las imágenes oficiales de estos nuevos ahorcamientos, en los que no ha faltado el elemento escabroso, a pesar de que las autoridades sí han evitado la grabación clandestina destinada a satisfacer el morbo vengativo. La pena de muerte no está nunca justificada y estas ejecuciones han llegado tras un juicio calificado de farsa por muchos observadores. Todos estos reos hubieran sido más útiles vivos para aclarar el tenebroso pasado de la dictadura de Sadam. Pero quizá por eso mismo ha habido tanta prisa en deshacerse de los principales testigos de un régimen que fue alimentado por Estados Unidos y varios países europeos.
Bush
alimenta la ira suní pero a la vez encuentra la incomprensión chií. Quiere cercar a Irán pero proporciona carnaza a los chiíes pro iraníes. El equipo que ha montado para su nueva estrategia de escalada, con el anunciado envío de más de 20.000 soldados suplementarios, ha cosechado de momento las críticas en las filas demócratas que dominan el Congreso y en una parte de los republicanos, pero también entre muchos de sus aliados. La credibilidad de esta guerra y del propio Bush están por los suelos entre la opinión pública americana, e incluso el Gobierno iraquí, en teoría pro americano, anda dividido al respecto.
La escalada no está dirigida sólo contra los diversos insurgentes en Irak. Frente a las recomendaciones de la Comisión Baker-Hamilton de implicar a Siria y a Irán en una solución para Irak, Bush ha optado por la confrontación en el propio territorio iraquí. La detención, tras una incursión americana, de cinco funcionarios o diplomáticos iraníes en Irbil la semana pasada, parece un paso medido por Washington, pero criticado por el ministro de Exteriores iraquí. El ocupante parece hacer caso omiso de las opiniones del Gobierno elegido de Irak y de su opinión pública, mayoritariamente en contra de la presencia de las tropas americanas. A la vez, Washington hace sonar los tambores de un posible ataque directo contra Irán, pero sin su concurso, difícilmente se llegará a estabilizar Irak. Bush y su equipo pueden estar adentrándose en otro camino equivocado.
elpais.com

2 comentarios:

Maui dijo...

¡Hola!

Creo que Bush sabe que en los últimos meses de su mandato no le van a decir nada, haga lo que haga.

También es posible que se lleve mal con su sucesor y no quiere que su partido sea reeligido.

O que quiera asegurar intereses económicos en Irak para su empresa, cuyos resultados puedan disfrutar sus descendientes en el futuro.

¿Quien sabe?

PD: te he votado en los premios 20 blogs.

Ya tienes 10 votos.

¡Ánimo!

Carlos Rodríguez Ibáñez dijo...

Gracias Maui por tu comentario, por pasarte por aquí y por tú voto!

Espero verte de nuevo por aquí.

Saludos

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