El movimiento ciudadano 15M sigue caminando en su insurrección pacífica hacia una mayor y mejor democracia, en definitiva, hacia una sociedad donde los diversos ámbitos de la realidad estén democratizados de una manera real.
Es una insurrección porque se rebelan por una democracia controlada, hipoteca, tutelada, amenazada y chantajeada por las personas y organismos que poseen los grandes capitales y en desacuerdo con una manera de hacer política que no sea capaz de hacer frente a las dictaduras de los mercados financieros y, además, que sus decisiones políticas sean la manifestación evidente de que han claudicado ante la coacción de los especuladores e inversores.
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