5 de mayo de 2007

A quien como Aznar defendió la invasión mortífera de Irak le enoja que Tráfico regule la velocidad en carretera

Esta derecha que jamás ha sido liberal, sino absolutista, partidaria del palo y tentetieso y del Tribunal de la Santa Inquisición, ahora se nos ha hecho ultraliberal y se dedica a poner en cuestión el Estado porque –argumentan sus voceros- interfiere o coarta la sacrosanta libertad individual de los ciudadanos. Es decir, que esta derecha neocon –que con entusiasmo de converso apoya el ex falangista Aznar López- ha descubierto de pronto el anarquismo. ¡Abajo el Estado!, preconizan estos peligrosos ácratas de derechas.

Entre los cuales, por cierto, preciso es incluir a Nicolás Sarkozy –que nadie se llame después a engaño-, furibundo debelador del mayo del 68 y apóstol fervoroso de liquidar lo que él denomina pensamiento único o políticamente correcto. No en vano uno de los políticos predilectos de Sarkozy es Aznar. No en vano semejante simplificación reaccionaria es repetida constantemente por los predicadores de la COPE. Todo cuadra, desde luego.


Medalla del Vino
“A mí no me gusta que me digan no puede ir usted a más de tanta velocidad, no puede usted comer hamburguesas de tanto, debe usted evitar esto y además a usted le prohíbo beber vino”, manifestó el anterior presidente del Gobierno tras recibir la medalla de honor de la Academia del Vino de Castilla y León.


La maldita guerra
A quien defendía, aun con mentiras y falsedades, y sigue a estas alturas haciéndolo, la maldita guerra de Irak –que como ocurre en toda guerra implicó el envío de soldados para matar o morir, y eso sin contar a las víctimas civiles de la barbarie- le enoja no poder rebasar los 120 kilómetros por hora permitidos en la legislación vigente. A los conservadores de siempre, que en la actualidad presumen de neocon -porque les parece más moderno- les irrita sobremanera el Estado. Y ello porque, a pesar de los pesares, el Estado -cuando es democrático y social, o se acerca a la socialdemocracia buscando el bienestar de los ciudadanos- protege, o al menos lo intenta, al conjunto de la sociedad y, con mayor razón, trata de amparar a los más débiles.


Ciudadanos de cuarta
Principios como el de la igualdad de todos ante la ley les saca de sus casillas. Parten de la teoría de que hay ciudadanos de primera, de segunda y, por supuesto, de tercera o hasta de cuarta categoría. Como subrayaba Mariano Rajoy hace algunos años en uno de sus artículos publicados en El Faro de Vigo, el mito de la igualdad no es más que un tópico progre que no refleja la realidad. No todos los humanos somos iguales, sostenía con firmeza quien en el presente es el jefe del PP.


Que se aguante
A los poderosos, a los que son fuertes, a los que la fortuna económica les acompaña –más allá de los procedimientos empleados para alcanzarla, qué más da-, el Estado democrático y social les incomoda hasta niveles de paroxismo. Aborrecen los impuestos y desearían que la ley en vigor fuera la de la selva o la del Far West. Quien se cae por el camino, que se aguante, peor para él. Si los lobos lo devoran, ¡qué le vamos a hacer! A lo sumo, que los más pobres se acojan a la caridad o a la beneficencia para ir tirando. El Estado no tiene que preocuparse de este tipo de milongas. Y menos aún de normas de tráfico o del tabaco o el vino que cada cual pueda y quiera ingerir. En voz alta Aznar ha dicho en voz alta lo que piensa. Lo que comparte con su amigo, el australiano magnate Murdoch, para el que trabaja. Lo que creen y piensan muchas de las gentes que forman parte de la derecha.

Presumen de liberales.

Nacieron para hacer lo que les diera la gana.

Por eso le tienen alergia.

Porque ya no lo tienen a su servicio, sino al de todos.

Enriq Sopena

2 comentarios:

Doctor dijo...

Saludos del Doctor, Crítico insolente de Blogs

UB dijo...

Igual estaba borracho cuando ordenó invadir Irak...

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