29 de octubre de 2006

De la casualidad, la ciencia y los grandes negocios inmobiliarios

Los historiadores de la ciencia han hecho algunas interesantes aportaciones a propósito del efecto que ha tenido la casualidad en la consecución de algunos grandes descubrimientos científicos. Así, por ejemplo, se atribuye a un hecho casual el descubrimiento de la radiactividad por Henri Becquerel en 1896, cuando advirtió la radiación espontánea producida por sales de uranio depositadas sobre una placa fotográfica.
No menos conocido es que por casualidad descubrió Alexander Fleming, en 1928, los efectos benéficos del hongo penicilum notatum, abriendo el camino a uno de los mayores progresos de la medicina. Éstos y otros casos que podría traerse a colación –Arquímedes, Newton, etc.- nos ilustran sobre la relevancia que no pocas veces tiene el hecho casual en el desarrollo de la investigación científica.
Conviene advertir que, por lo general, la casualidad viene precedida por la oportunidad, la constancia y la tenacidad del investigador. El científico advierte señales, intuye expectativas o va creando las condiciones necesarias para que su capacidad de observación, su metodología profesional y su destreza para aplicar los conocimientos a la práctica le lleven a conseguir la meta deseada. La flauta no suele sonar por casualidad.
Sorprende, sin embargo, la espontaneidad, pureza y sencillez con que se manifiesta la casualidad en los episodios inmobiliarios que protagonizan personalidades destacadas de la nomenclatura del Partido Popular. Al contrario que en el ámbito de la ciencia, aquí no hay precedentes, curiosidad, intuición ni condiciones previas. Todo lo atribuye el PP a la simple casualidad.
Por casualidad la familia Aznar compró un dúplex en una privilegiada urbanización de Marbella que resultó estar incursa en irregularidades e ilegalidades diversas. Por casualidad José Gil de Biedma, tío carnal de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre y Gil de Biedma, obtuvo unas jugosas plusvalías en una operación inmobiliaria precedida por favorables gestiones del dimitido director de urbanismo de la Comunidad, Enrique Porto.
Por casualidad estaba a nombre de la constructora Grandes Locales de Negocios, de Valdemoro, el Mini Cooper descapotable del consejero de Presidencia y secretario general del PP de Madrid, Francisco Granados, que ardió en su garaje de Valdemoro en circunstancias sospechosas que investiga la autoridad.
Aún recordamos la frecuencia con que se manifestaba la casualidad cuando comparecían dirigentes del PP o constructores en aquella comisión de investigación parlamentaria que se constituyó en Madrid tras el tamayazo. Escoltas y guardaespaldas que casualmente fueron contratados al servicio de los tránsfugas por constructores que casualmente eran afines a dirigentes del PP. Por casualidad Romero de Tejada, capitoste del PP madrileño, era empleado fotocopiador en una empresa de los constructores que, casualmente, tenían conexiones e intereses inmobiliarios. Por casualidad el abogado y militante del PP, Esteban Verdes, marido de la concejala del PP en el Ayuntamiento de Madrid, Paloma García Romero, a quienes el promotor Francisco Bravo les pagó la noche de bodas, habló más de cuarenta veces con Tamayo el día de la traición.
Curioso fenómeno el de la casualidad inmobiliaria en el mundo del PP, que contraviene la experiencia acumulada a propósito del impacto del hecho casual en el hasta ahora siempre complejísimo ámbito de la ciencia. ¡Eureka!
V.H.

2 comentarios:

Ana2 dijo...

Como decía aquel...."que la especulación te pille trabajando..a poder ser en un cargo publico de relevancia"...Saludos y Sonrisas!!

Carlos Rodríguez Ibáñez dijo...

Muchas gracias Ana2.

Es un placer el poder leerte.

Besos!

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