12 de octubre de 2006

600.000 iraquíes muertos (de momento)

Según un estudio realizado por investigadores de la Universidad estadounidense de Johns Hopkins, 655.000 personas han muerto en Irak desde que en 2003 se produjera la invasión americana, 600.000 de ellas por acciones violentas. En definitiva, el dato multiplica por 20 la cifra barajada por el Gobierno de George W. Bush y por 10 la de los organismos iraquíes. La conclusión de este estudio es contundente: «Actualmente, se están produciendo muertes en Irak a un ritmo tres veces superior al que se registraba antes de la invasión de marzo de 2003», sostiene el doctor Gilbert Burnham, que ha dirigido el estudio.

1 comentario:

Carlos Rodríguez Ibáñez dijo...

Balance provisional

MANUEL ALCÁNTARA

Desde que Bush creyó que Irak era un arsenal donde se almacenaban, unas encima de otras, armas de destrucción masiva, han transcurrido tres años y 600.000 muertos. Las guerras son muy influyentes en la tasa de mortalidad: antes, cuando la odiosa tiranía de Sadam Husein, se situaba en 5,5 iraquíes por cada 1.000, y ahora se han establecido en un 13,3, pero el balance no es definitivo. Como escribió aquel apresurado periodista de sucesos con ocasión de un accidente ferroviario, «el número de muertos aumenta a medida que fallecen los heridos de mayor gravedad». Es relativamente pronto para fijar cifras definitivas, pero no lo es para dictaminar que George Bush no es, desde Jefferson, el inquilino más lúcido de la Casa Blanca.

Piensa mantener el actual número de soldados en el país invadido hasta el año 2010, por si hay que rematar a alguien para que entre con pleno derecho en las estadísticas. ¿Hasta qué punto es atinado el cálculo de personas fallecidas cuando rebosaban salud? Quizá alguien al que se haya dado por muerto pueda protestar y decir que sigue vivo, pero ningún muerto al que se considere que vive todavía podrá hacer lo mismo. Todas las guerras son un horror, en primer lugar, y en segundo una confusión. Lo que llaman allí limpieza étnica está ensuciando con sangre las calles de Bagdad y de otras ciudades de donde habría huido todo el mundo si tuviesen alfombras voladoras.

Querían instalar allí la democracia, pero de momento lo que se han instalado son más funerarias. Han crecido las proyectadas urnas hasta alcanzar el tamaño de los ataúdes. Parece como si los chiíes, los suníes y los kurdos sólo pudieran entenderse en vida después de muertos. El señor presidente de Estados Unidos tendrá que pensárselo bien antes de atacar Corea del Norte.

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