23 de septiembre de 2006

Huelga de piernas cruzadas

La pasada semana, una noticia saltó directamente hasta los tegumentos de los hombres de la ciudad de Pereira (Colombia) y a los sorprendidos ojos del resto del mundo. Las esposas de un centenar de pandilleros, hartas de la violencia con la que viven sus hombres y viendo el porvenir que se les avecina a sus hijos, han decidido, conjuntamente, hacer una huelga de piernas cerradas hasta que ellos depongan las armas. O sea, que han hecho un cruce general de piernas, dispuestas a privar a sus hombres de los placeres carnales, al menos de los que ellas les brindan. Sí, sí, ya sé lo que pensarán ustedes mis queridos lectores, que si falta de imaginación; que mira que siempre lo mismo, hala, a ver quien aguanta más; que qué aburrimiento tener que soportar invariablemente los mismos manejos; que por qué no, por ejemplo, escribir cien veces «no debo dejarme más los calzoncillos en el suelo del cuarto de baño», o bien «como no sacaste la basura ayer, hasta que no me hagas el amor cuatro veces seguidas no te vas al trabajo». Vamos, que los chicos estarían encantados de que las huelgas sexuales que hiciéramos fuesen a lo chino, es decir, trabajando el doble. Pero, para su desgracia según creen ellos, parece ser que todas las mujeres somos iguales, incluidas las del extranjero, y que a todas nos falta imaginación. Pues no, señores míos, no nos falta imaginación, tampoco nos sobra mala leche como más de uno, seguro, pensará. No, no van por ahí los tiros, aunque reconozco que somos certeras y sabemos dar donde más duele. Pero, estarán de acuerdo en que, desarmadas como nos han tenido siempre, hemos debido aprender qué puntos débiles son los del contrario y, dentro de nuestras posibilidades utilizar los pocos, aunque efectivos, recursos con los que la Naturaleza nos ha dotado. De todas formas, como les digo, a pesar de que las mujeres colombianas crucen y aprieten sus piernas intentado cual judithes doblegar a los holofernes de turno con las armas que las féminas han utilizado desde el principio de los tiempos, la realidad, el gran secreto, que pocos hombres quieren saber, es que las mujeres tenemos un perfecto mecanismo de precisión que conecta corazón y entrepierna, y, cuando el primero ha sufrido una coz, no hay dispositivo, artilugio o herramienta alguna que consiga descruzar las extremidades. Lo que pocos hombres saben, porque tampoco lo quieren saber, es que, al igual que para abrir la mágica cueva de Ali-Babá, también existen palabras mágicas capaces de abrir de par en par sus puertas. Y la mejor ventaja es que no hay que recordar la fórmula exacta, basta con que esas palabras estén cargadas, o tintadas simplemente, de amor, de reconocimiento, de ternura Es muy posible que ese mecanismo, si me lo permiten incluso incomprensible para la propia mujer, provoque en los hombres un cierto cansancio mental, un hastío difícilmente digerible, pero ese sentimiento es mutuo, porque la falta de consideración, de respeto, de cariño, de compromiso por parte de muchos hombres provoca semejantes sensaciones en las mujeres.Siendo todo tan fácil como podría ser con sólo recordar que el hombre da amor para obtener sexo y la mujer da sexo para obtener amor. Pero claro, hay que dar, y aquí el orden sí altera el producto: si no hay amor o, en el caso que nos ocupa, no deponen las armas ni se imaginan el tiempo que pueden seguir esas piernas cruzadas. Es verdad que los chicos siempre pueden recurrir a la carne imaginada, pero, por cruda que sea la realidad, es el único sitio donde se puede comer un buen filete.
Ana María Tomás

3 comentarios:

La vie en vert dijo...

Es un artículo gracioso, que me recuerda a Lisístrata, de Aristófanes. Recomiendo su lectura, trata sobre lo mismo.
Pero estoy desacuerdo con algunas cosas que dice la autora como:

"las mujeres tenemos un perfecto mecanismo de precisión que conecta corazón y entrepierna, y, cuando el primero ha sufrido una coz, no hay dispositivo, artilugio o herramienta alguna que consiga descruzar las extremidades"
"al igual que para abrir la mágica cueva de Ali-Babá, también existen palabras mágicas capaces de abrir de par en par sus puertas. Y la mejor ventaja es que no hay que recordar la fórmula exacta, basta con que esas palabras estén cargadas, o tintadas simplemente, de amor, de reconocimiento, de ternura"
Creo que nos encasilla como seres emocionales incapaces de controlar nuestra visceralidad. Nos naturaliza y nos esencializa. La emoción nos domina sobre la razón, es decir, somos un poco cortitas cuando nos dicen un par de ñoñeces...peligroso punto de vista sobre las mujeres ¿no os parece?

"Siendo todo tan fácil como podría ser con sólo recordar que el hombre da amor para obtener sexo y la mujer da sexo para obtener amor."
¿Así de simples somos? Yo no lo creo.

Y, por cierto, si los chicos son unos matones de barrio, no creo que ellas se crucen de piernas porque no tengan amor, más bien será por su actitud violenta ¿no?
No estaría mal saber lo que las propias mujeres en huelga dicen.
Lo buscaré ;)

Carlos Rodríguez Ibáñez dijo...

Muy interesante y acertada visión la tuya "la vie en vert".

Has leido bien el texto y tus dudas y tus desacuerdos son acertados y nítidos.

Estoy de acuerdo contigo en esas puntualizaciones que haces. Acertadas.

Un beso!

Anónimo dijo...

necessario verificar:)

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