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26 de septiembre de 2007

Misiones de paz

Algunos personajes de la derecha política no terminan de entenderlo, probablemente a causa de lo amargo que resulta reconocer viejos errores: nuestras tropas en Afganistán están en una misión de paz y no de guerra, aunque su desempeño sea delicado y sumamente peligroso y se cobre vidas de soldados españoles.

La diferencia no es banal ni invisible. A Irak fuimos en son de conquista, sin el aval de Naciones Unidas, a secundar la aventura imperialista de un Bush desorientado que experimentaba delirios imperiales. Por eso la aventura recibió la hostilidad frontal y clamorosa de gran parte de la opinión pública, que en cambio aplaudió también clamorosamente la súbita retirada tras la alternancia política.

A Afganistán fuimos en cambio a reconstituir un país asolado por los talibanes, cuyo régimen fue justamente abatido por la comunidad internacional después de los terribles atentados contra las Torres Gemelas y el Pentágono. Por eso, la acción de nuestras tropas disfruta de respaldo social. La diferencia es teleológica, no estructural: se basa en la dignidad del objetivo, que proporciona el necesario sustento ético a la participación española.

Pedro Villalar - laverdad.es

13 de agosto de 2007

Pobre mundo

Después de las mentiras que nos dijeron para justificar la invasión de Irak, el país con más reservas de petróleo de Asia; después de todos los escándalos que se han ido descubriendo, en los que son protagonistas los miembros del ejército de Estados Unidos en su santa cruzada por Oriente Medio, y no sólo en sus ardores guerreros sino también por los malos tratos, degradantes e inhumanos infligidos a los prisioneros -la mayoría sin cargos- cuyas fotografías han dado la vuelta al mundo; después de conocer Guantánamo, la más abyecta forma de esclavitud de la edad moderna; después de que se supiera que la mayoría de los atentados son obra de unos desalmados mercenarios pagados con fondos de todo el mundo sabe quién; después de que conociéramos que Estados Unidos va a llenar de armas todos los países de la región excepto Siria, Irán y Palestina; mientras somos testigos de las matanzas diarias que se producen en Irak y Afganistán, de los cientos de miles de personas que huyen para sobrevivir, cuando es claro y notorio que la situación actual es mil veces más horripilante de lo que fue cuando los aliados de Estados Unidos, talibanes y Sadam Hussein, gobernaban con mano despiadada, y comprobamos todos la desestructuración social y económica de ambos pueblos que todavía mantienen el ánimo para luchar contra el invasor; después de tantas noticias escalofriantes que nos llegan a diario, acabamos de conocer el propósito de Bush de invadir Pakistán con el pretexto de que allí se esconde Bin Laden.

¿Acaso no se escondía también en Afganistán y ni siquiera las decenas de miles de muertos de la invasión de ese mismo Estados Unidos sirvieron para detenerle? ¿Es que ahora, con el prestigio dañado y todo el Oriente Medio y Lejano en contra de su ejército, tienen más posibilidades de encontrarlo?

Al parecer, tampoco les ha afectado darse cuenta de que nadie sabe dónde se encuentran más del 30% de las armas que ellos mismos, Estados Unidos, entregaron a un ejército formado sin tener en cuenta lo poco que a los ciudadanos de cualquier país les gusta que les invadan el territorio y encima se apropien de sus recursos.

Pobre mundo gobernado por un ser incapaz de rectificar decisiones equivocadas. Pobre mundo aterrorizado no sólo por posibles nuevos atentados, sino por las tenaces e imprevisibles ideas mágicas del emperador en estos pocos años que le quedan de poder y que van a descalabrar todavía más las esperanzas de paz de sus súbditos. Pobre mundo, en verdad.

Rosa Regás
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