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27 de diciembre de 2010

¿Qué (nos) está ocurriendo? Francisco Javier de la Riva e Iñaki Gabilondo

Quiero ser breve en la exposición de dos cuestiones totalmente contrapuestas pero que en cierta manera pulsan una situación real y para mi muy preocupante.

Por un lado tenemos a un personaje: Francisco Javier León de la Riva famoso no por su gestión al frente del Ayuntamiento de Valladolid si no que lo es por sus asquerosas, misóginas y machistas declaraciones en relación a los labios de una Sra., declaraciones que tod@s conocemos y por razones obvias no voy a repetir aquí.

Este individuo, más que arrepentirse de su indecencia parece sentirse orgulloso de ella e incluso se congratula de que su injuria sexista, en palabras de él mismo “va a tener un efecto bumerán” y que eso le dará más votos.

Repugnante es lo que dijo, pero aún lo es más que piense en réditos electorales gracias a la bajeza de lo manifestado en vez de intentar vender su gestión al frente del consistorio vallisoletano ¿No le dará vergüenza? Evidentemente no porque para tener vergüenza hay que conocerla.


Por otro lado, es lamentable comprobar, ver y sentir a qué punto hemos llegado en este país cuando es posible que un gran periodista como Iñaki Gabilondo se quede fuera de la parrilla televisiva, era seguido por votantes de uno y otro color, y comprobar que personajes como Belén Esteban, entre otr@s, aparece todos los días lucrándose hablando de las miserias propias y ajenas. Para mi es muy sintomático.


Debemos y podemos recapacitar sobre ambas cuestiones y preguntarnos todos y todas porque cosas como las expuestas, en mi pensamiento en alto, ocurren. Tristemente.



















3 de septiembre de 2007

Ganar con la igualdad

Acabo de leer el texto que tenéis a continuación en el blog de Lucía Etxebarría y me ha parecido MUY interesante. Os recomiendo su lectura, sobre todo a los hombres, las mujeres hacedlo también porque nos enriquecerá a tod@s.


El Grupo de Hombres de Vitoria considera el machismo como una lacra que limita su salud y su felicidad

JUNE FERNÁNDEZ - Vitoria - 28/08/2007

En una sociedad que presume de garantizar la igualdad de sexos, las mujeres siguen más expuestas a la precariedad, cuidan solas a niños y ancianos, y la violencia conyugal es noticia cada día. En ese contexto, el Grupo de Hombres por la Igualdad de Vitoria lleva un año movilizándose contra la violencia contra las mujeres y combatiendo también la que “los hombres ejercen contra sí mismos”. La asunción de una cultura del riesgo, señalan, les expone a la muerte en la carretera, el suicidio, las drogas o la cárcel y la exigencia de ser siempre fuertes y reprimir sus emociones coarta su felicidad.

“Compartir las tareas del hogar y los cuidados es una forma de autodeterminación”

Joseba Garitano, Javier Jiménez, Poldo Santos y Ritxar Bacete son cuatro de los cerca de 30 hombres que se reúnen en Vitoria para construir y visibilizar modelos sanos de masculinidad con los que avanzar hacia una sociedad menos violenta. La asociación, de un tipo hasta ahora inexistente en Euskadi, surgió de “una necesidad latente compartida de cambio”, explica Garitano. “Hemos sido meros espectadores de la lucha de las mujeres por la igualdad, y no nos hemos adaptado a ella, pero tenemos mucho que aportar”. “Es un trabajo hacia la sociedad, pero también hacia nosotros mismos”, añade Santos: “El machismo exige un sobreesfuerzo que es inviable por nuestra propia salud”.

Sus integrantes trabajan en “una deconstrucción personal para liberarnos del poso machista que queda en todos”, explica Bacete. La clave, más que asumir grandes discursos, pasa por cambiar las pequeñas prácticas cotidianas, recalca: “No puedo ponerme detrás de la pancarta si en casa no limpio y no cuido de la familia. Hay que entender estas tareas como una forma de autodeterminación”.

Para avanzar hacia una sociedad igualitaria, los hombres, “que son la mitad de la sociedad y además la que ostenta el poder”, tienen que estar dispuestos a practicar “un desarme moral, prescindir de los privilegios-trampa de los que han disfrutado”, sostiene. Por ello, la asociación forma ideológicamente para que los varones se impliquen en la lucha por la igualdad, y visibiliza esa apuesta mediante acciones como concentraciones, conferencias o talleres.

El grupo demanda que las instituciones promuevan nuevos espacios para el sexo masculino, incluyan la perspectiva de género en sus programas y diseñen talleres y campañas específicos. Instan también a contrarrestar “la sobrerrepresentación del modelo del superhombre que puede con todo visibilizando referentes reales, como los cuidadores”, apunta Garitano. Ambos frentes resultan imprescindibles para combatir la violencia sexista, añade: “Hay que trabajar en la prevención con los hombres y mostrar a los agresores modelos que no recurren a la violencia ni la legitiman”. Jiménez apunta otra clave: “Las mujeres que se defienden del machismo suponen una amenaza”.

Aunque reconocen buenas intenciones en las nuevas leyes de igualdad, critican que sigue sin haber mujeres en las principales áreas de poder y que las que se acercan lo hacen imitando los valores masculinos. “Tenemos que generar una cultura del poder más humana y hay que incluir el cuidado en la agenda política”, propone Bacete. Para Garitano, sin machismo se transformaría incluso el modelo económico vigente: “En vez de centrarse en el crecimiento, se cuidarían más los procesos de producción, se respetarían las individualidades y el medio ambiente”.

Si algo caracteriza al colectivo es su heterogeneidad: personas de diferentes edades (de 20 a 50 años), profesiones, orientación sexual y procedencias permiten abarcar de manera más global las cuestiones relacionadas con la masculinidad. Jiménez trabaja en un sector, el de la construcción, en el que el machismo es especialmente palpable: “Los hombres se oponen a que las mujeres empiecen a trabajar en el sector. Siguen gritando ‘tía buena’ a toda la que pasa y dicen que lo del grupo de hombres es una mariconada”. Joseba vive la otra cara de la discriminación: “Soy secretario de la Diputación alavesa. En masculino suena a un cargo directivo. Cuando cojo el teléfono me preguntan por la secretaria. Yo soy el secre, y así lo reivindico”.

Poldo y él, militantes del movimiento gay, subrayan que el machismo no afecta sólo a los heterosexuales. “Antes que gay soy hombre, he sido educado como tal y eso condiciona mis relaciones”, explica Santos. El grupo también cuenta con inmigrantes africanos y latinoamericanos, que muestran al resto las peculiaridades de lo masculino en sus culturas.

La asociación tiene un blog www.gizonak.blogspot.com para darse a conocer.

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